“Melilla y su gente se me presentan poco a poco. Las calles están llenas de militares y de coches todo-terreno. Las mujeres van de las más sexy, vestidas a la última moda, ocultando sólo la mirada tras las Ray-Ban, hasta las que llevan chilaba de colores chillones o más sobrios, entre azul y marrón, pasando por ancianas vestidas de blanco, con un tatuaje en la frente y otro en la barbilla. Mi amiga Rachida me explica que las mujeres beréberes de buena familia solían llevar tales tatuajes, pero ahora ya no, entre otras cosas porque el Islam no ve con buenos ojos el marcar el cuerpo de forma permanente, alterando así lo creado por Allah, de allí la henna. Tras pasear por esta ciudad de contrastes, nos dirigimos hacia la parte alta, a casa de unas primas de Rachida. El salón de la planta baja no tiene nada que envidiar a las paredes de los palacios nazaríes de mi querida Alhambra, y desde un cuarto de arriba vemos a fieles judíos inmersos en ese balanceo característico del rezo, en una sinagoga vecina.
¡Hola, mundo!
Il y a 6 ans
